Insensible.

Por alguna extraña razón me gusta leer y releer los retazos de nuestra conversación, esas que tengo escondidas entre carpetas. Esas que solo yo sé que aún existen.

Y al leerlas de nuevo se reviven todos los sentimientos que alguna vez sentí por ti; el como mi corazón latía al mil por hora cuando me decías que estabas loco por mi, que por fin habías encontrado eso que tanto estabas buscado, que me querías con toda el alma, que yo era tu flaca y tu mi amor, que yo era una mujer increíble, que valía oro. 

Revivo cada una de las sonrisas que daba al leerte, cada lagrima de felicidad que alguna vez solté por ti, cada latido desenfrenado al saber que me querías tanto como yo a ti. 

O bueno, eso me hiciste creer. 

Ahora que las leo de nuevo solo queda la incertidumbre de si algo de lo que me dijste fue real. Porque no me entra en la cabeza que alguien pueda ser tan insensible, tan frío de corazón para mentir con los sentimientos más puros que existen. No me entra en la cabeza la idea de que todo fue fingido, no me entra en la cabeza que alguien pueda ser capaz de hacer creer que esos sentimientos fueron reales. 

¿Cómo pudiste mentirle a los ojos que te veían como si fueras lo mejor que existe en su vida? 
¿Cómo pudiste mentirle a la sonrisa más sincera que se producía con tan solo verte a lo lejos? 

¿No te carcome la cabeza saber que infligiste tanto dolor a alguien? 

Y a pesar de que me haya desmoronado tu partida,

hoy confirmo que fue lo mejor que te alejaras.

38 días

He escuchado muchas veces la frase “No es el tiempo, es la persona” y nunca lo había experimentado hasta que te conocí a ti, porque con 38 días tuve para enamorarme perdidamente de ti. Y lo más chistoso es que nunca me lo hubiera imaginado ¡éramos amigos! Esos amigos que se cuentan sus locuras, sus ligues, sus desmadres; esos que se ven borrachos cada fin de semana, esos que se conocen cada gusto y disgusto. Que chistoso, ¿no crees?
Y sé que tu tampoco te lo imaginabas y eso fue lo más bonito.

Todo empezó con los “Martes y Jueves de pistear” que nos obligaba a vernos 2 veces entre semana para después volvernos a ver el fin de semana. Que borrachos éramos.
Y ahí empezamos con nuestra amistad, yo te contaba mis tragedias amorosas y tu las tuyas, nos aconsejábamos y escuchábamos. Y poco a poco nos empezamos a juntar más y más. Hasta que un día yo sabía que me gustabas y que probablemente caería enamorada de ti, y hasta que un día tu también lo supiste… ahí fue donde inició el conteo de esos 38 días.

Estoy consciente que 38 días suenan a nada, que 38 días son muy pocos para enamorarse. ¿Cómo le hiciste para lograrlo? Pues claro que lo sé.

Eras todo lo que siempre había esperado, lo que siempre había buscado pero no había encontrado. En 38 días lograste que me enamorada de cada centímetro de tu piel, que me enamorada de esos labios carnosos, de tu panza caguamera, de tus ojitos cafés que se iluminaban solo para mi, de tu sonrisa con brakets, de tu voz al decirme “flaca”, de tu risa cuando te hacía cosquillas, de tu voz de los sábados al despertar junto a ti, de como nuestros cuerpos se acomodaban perfectamente para dormir y de como cantabas solo para mi.
Me enamoré de cada una de tus facciones, de tus muecas, de tus gestos al pisar agua con calcetines, de tus pucheros de niño chiquito para que te llenara de besos y más besos, de tu uñas mordidas y tus manos rasposas.

Y me acuerdo tanto de ti, cada día, cada noche, cada segundo. Me acuerdo de lo felices que éramos y de como a pesar de llevar menos de 38 días juntos, ya nos imaginábamos una vida a futuro. Teníamos el nombre de nuestros hijos, nuestros viajes, nuestra casa, nuestros carros, nuestra canción para la boda… teníamos todo.

Teníamos todo, pero ya no más.

Nunca voy a entender como algo que estaba perfecto, se acabó en menos de dos días. Te desvaneciste, desapareciste sin decirme nada. ¿Dónde quedó ese amor que tanto me profesabas? ¿Dónde quedaron esas promesas? Nunca voy a entender porque ya no estás, porque no sabes cuanto te extraño, cuanto te necesito a mi lado.

Y veo que estás mal, que la estás pasando mal y no sabes las ganas que tengo de correr a tu casa para llenarte de mil besos, de abrazarte fuerte y juntar todos tus pedazos. Tengo un millón de ganas de decirte “amor”, “mi vida” y decirte al oído que te quiero con cada pedazo de mi corazón, que no importan estos meses que no hemos estado juntos, que sigo aquí para ti. De verdad no sabes lo mucho que me cuesta verte sufrir, verte batallar y no poder ayudarte.

De verdad te extraño, te extraño tanto.

Pero fuiste una estrella fugaz que duró 38 días en mi vida. Me llenaste de amor, de felicidad, de luz… pero fuiste fugaz. Fuiste fugaz, porque ya no estás.

Un ratito.

Te tuve un ratito,
el suficiente para enamorarme de ti.


Te tuve un ratito,
el suficiente para conocer como tus ojos se hacían chiquitos al reírte a carcajadas, para ver como te estremecías cuando pasaba mi mano por tu espalda; el suficiente para escucharte cantar canciones que sabía que cantabas solo para mí, para ver como fruncías el entrecejo cuando pisabas agua con calcetines, para sentir tu piel y conocer el verdadero significado de “hacer el amor”; el suficiente para conocerte enojado, triste y borracho.


Te tuve un ratito pero me faltó tenerte mucho tiempo más.

Yo sabía.

Sabía cuál era mi lugar desde un principio, sabía que todo era temporal y que solo era cuestión de que ella regresara.

Sabía que por más que cuidara no encariñarme, que por más que tratara de cerrarme a sentir; todo sería en vano. Porque claro que me encariñe, claro que sentí y mucho.

Sabía que no era buena idea vernos tan seguido, que no era correcto que te quedaras a dormir cada fin de semana, que no estaba bien dormir abrazados después de coger. Yo sabía que no debía ir a verte jugar cada martes, que no debía permitirme tantas risas, tantos momentos solos.

Ahora tú estás con ella y ella tomó el lugar que desde un principio era suyo; yo solo estaba para cuidárselo.

Ahora tú estás con ella y yo estoy aquí escribiéndote y claro, extrañándote.

Ahí.

No te imaginas las ganas que tengo de estar contigo en este momento, de correr a tus brazos y cobijarme en ellos. De esconder mi cara en tu pecho para escuchar tus latidos desenfrenados.

No te imaginas las ganas que tengo de estar acurrucada a tu lado, de jugar con tus pies, de sentir tu calor en mi cuerpo desnudo. 

No te imaginas las ganas que tengo de llenarte de besos el cuerpo entero, de besar tus labios, de besarte el cuello. 

Quisiera estar ahí a tu lado, sentados en el sillón o acostados en tu cama. Quisiera estar ahí para decirte a cada rato lo guapo que estás y lo mucho que te quiero.

Quisiera estar ahí, en lo que era mi hogar.